Van Gogh fue muchas cosas. Un hombre enfermo, incomprendido y solitario. Pero también un genio excepcional, con una sensibilidad especial para apreciar la belleza y transmitirla a sus lienzos.
Vincent van Gogh nace el 30 de marzo de 1853, en Zundert, Países Bajos. Su padre es un pastor calvinista de carácter severo y moralista. Su madre, aficionada al dibujo, le transmite desde niño el gusto por el arte y la naturaleza, aunque su relación con ella no es sencilla.
Desde joven muestra signos de inestabilidad emocional, pero sus primeras grandes crisis llegan ya en la edad adulta. No se sabe con seguridad qué enfermedad sufría. Le diagnosticaron epilepsia, pero investigaciones recientes apuntan más bien a un trastorno bipolar, posiblemente combinado con episodios psicóticos.
Sin embargo, su dolencia no tuvo nada que ver con su talento para pintar, ya que lo solía hacer en los momentos lúcidos. En los últimos dos meses de vida, en Auvers-sur-Oise, llegó a pintar más de un cuadro por día. Esa necesidad frenética de volcarse en un lienzo en blanco nos regaló El Retrato del Doctor Gachet. En etapas anteriores ya había creado piezas fundamentales como Los Girasoles o Los comedores de patatas.
Los hermanos de Vincent van Gogh
Theo fue a quien estuvo más unido, quien le cuidó toda su vida. De las más de 800 cartas que Vincent escribió, aproximadamente 650 eran para su hermano Theo.
Su hermana Wil militó en el feminismo de la época durante su etapa adulta. Vivió 79 largos años, pero 38 de ellos los pasó en un hospital psiquiátrico.
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| Theo van Gogh |
Elisabeth se casó con un jurista, y su hermana Anna trabajó como institutriz en Inglaterra antes de casarse. Y por último su hermano pequeño, Cor. Catorce años los separaban. Se alistó en la guerra de los Bóers y murió en Sudáfrica en 1900; su muerte se registró como caído en combate, aunque algunas fuentes apuntan a un posible suicidó, quizá incapaz de asimilar tanta barbarie.
La niñez de Vincent
Vincent creció en un ambiente triste, rígido. En la escuela era un niño callado, que no se relacionaba demasiado con sus compañeros, aunque era un buen alumno. Nada en su expediente escolar anticipaba el talento que mostraría después.
Su primer dibujo conocido es de los 10 años, de febrero de 1864, en mes y medio iba a cumplir los 11 años. Dibujó una granja y un cobertizo.
Los trabajos de Vincent van Gogh
Vincent van Gogh no siempre fue pintor. A lo largo de su vida recorrió múltiples empleos, buscando siempre su lugar, su sitio en la vida.
A los 16 años su tío Vincent, que tiene una galería de arte, le ofrece un puesto de trabajo en la sucursal de La Haya. Cuatro años más tarde se traslada a la galería de Londres, donde está dos años. Finalmente trabaja doce meses más en la filial de París. Pero lo despiden de ese trabajo. Su superior señala su bajo rendimiento y falta de aptitud comercial.
Más tarde trabaja en una librería, pero tampoco encaja. Pasa las horas dibujando y leyendo la Biblia en vez de atender el negocio. Al poco tiempo, lo deja para irse a estudiar teología a Ámsterdam.
Vincent y la religión
Vincent busca a Dios durante toda su vida y llega un momento en que se plantea que tal vez deba seguir los pasos de su padre y convertirse en pastor. Las dudas lo atacan; la relación con su padre es distante. Se basa más en el respeto que en el cariño. No sabe qué hacer. Al final su necesidad de ser útil y ayudar a los necesitados le lleva a querer estudiar teología, pero el griego y el latín se le resisten tanto que termina abandonando.
Decide probar suerte en una escuela de formación de evangelistas en Laeken, cerca de Bruselas, donde fuesen menos exigentes. Completa un periodo de prueba, pero no logra la admisión definitiva. Aun así, gracias a la intervención de un comité de evangelización, consigue un puesto temporal como predicador laico en Borinage, una región de mineros extremadamente pobre en el sur de Bélgica.
Vincent tiene 26 años y descubre la miseria, la tristeza de aquellas gentes que trabajan de sol a sol en condiciones infrahumanas y por un sueldo miserable. Les da su dinero, su comida y hasta sus ropas. Se involucra tanto que sus superiores no le renuevan el contrato, pero él decide quedarse igualmente, predicando sin salario durante otro año más.
En esos casi dos años que pasa en Borinage, su fe se resquebraja del todo. Llega a ver en la propia estructura eclesiástica, una hipocresía que contrasta con la miseria de los mineros. Vincent está decepcionado, y esa experiencia lo aleja para siempre de la religión.
Vincent van Gogh y el amor
Durante su estancia en Londres conoce a Eugénie, un año menor que él y de la que se enamora perdidamente. Sin embargo, ella no le corresponde, está en secreto comprometida con otro hombre. Vincent vive un duro fracaso sentimental, rozando la depresión.
Cuando tiene claro que quiere ser pintor regresa a vivir con sus padres, a pesar de los conflictos que surgen continuamente con su progenitor. Tiene 28 años.
Poco después se enamora, esta vez de su prima Kee, una joven viuda que llega a Etten con su hijo pequeño. Tampoco esta vez es correspondido, lo cual lo lleva de nuevo a navegar en las oscuras aguas de la depresión.
Un fuerte enfrentamiento con sus padres lo lleva a marcharse del hogar familiar e instalarse en La Haya, y allí conoce a Sien, una prostituta embarazada y alcohólica. Vincent se compadece de ella y la ayuda. La mujer le sirve de modelo, pero esa relación tiene consecuencias para el holandés: se contagia de gonorrea y tiene que ser ingresado en el hospital. Su hermano Theo lo convence para que deje de ver a Sien.
A los 31 años conoce a Margot, doce años mayor que él, y por primera vez una mujer se enamora del pintor. Es una relación correspondida, pero ambas familias se oponen al matrimonio, y la historia termina con un intento de suicidio por parte de Margot.
El pintor Vincent van Gogh
Vincent busca el sentido de la vida en sus pinceles, en sus pinturas. Decide que quiere ser pintor en 1880, y a partir de ahí, hasta su muerte en 1890, su actividad es incesante.
En 1886 se traslada a París y allí vive durante dos años, cerca de su hermano Theo. Son dos años intensos y transformadores para su pintura. Allí se encuentra con importantes artistas, como Émile Bernard, con quien entabla una estrecha amistad, y Toulouse-Lautrec. Intentan vender sus cuadros en los mismos lugares y también pintan juntos. Allí pinta su Autorretrato con sombrero de paja.
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| Los girasoles |
En 1888 tiene ganas de cambiar de aires, de buscar otros paisajes, y parte hacia Arles, en la Provenza francesa. Uno de los cuadros más famosos de esos días es Los Girasoles, pero también están El café de noche de Arles, La Arlesiana y La habitación de Van Gogh en Arles.
Quiere crear una Comunidad de Artistas e intenta que formen parte de ella sus amigos franceses, pero solo Paul Gauguin acepta. Se reúnen en el mes de octubre y conviven durante dos meses, pero el fuerte carácter de ambos los lleva a discusiones casi continuas que van aumentando poco a poco.
El día anterior a Nochebuena, Gauguin le comunica a Vincent que ya no desea quedarse más tiempo con él, que se va. El holandés se enfurece y pierde el control. Con una navaja de afeitar en la mano se dirige hacia su amigo que lo observa impasible, se da media vuelta y lo deja solo. Van Gogh está confundido, asustado de su propia reacción y en un acto incomprensible se corta un trozo de lóbulo de su propia oreja. La razón se le escapa por momentos. Envuelve el trozo de lóbulo y se lo hace llegar a su prostituta favorita. Poco después ingresa en el hospital en muy mal estado físico.
Vincent se interna en un psiquiátrico
Empieza el año 1889 regresando a su casa, pero lo que encuentra lo va a acabar de trastornar mentalmente. Más de treinta vecinos han firmado una petición a las autoridades pidiendo su reclusión por considerarlo peligroso. La policía cierra la Casa Amarilla y lo obliga a ingresar de nuevo en el hospital.
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| Retrato del Dr. Gachet |
Cuando Vincent se enfrenta al cierre de la Casa Amarilla y al rechazo de sus vecinos, siente que algo se rompe en su interior. Decide que es el momento de ingresar en un psiquiátrico, con la ayuda de Theo y del reverendo Salles, quien gestiona su llega a Saint-Rémy. Le permiten pintar, saben que es necesario para amarrar su cordura. Allí pinta cuadros como Los Lirios, Campo de trigo con cipreses y Corredor del hospital de Saint-Paul, entre otros.
Como en ocasiones no tiene lienzos, y cuando se los pide a su hermano tardan varios días en llegar, pinta sobre papel, sobre cartón, incluso sobre trapos de cocina o manteles. Así nacen obras como Campos de trigo en un paisaje montañoso o Los grandes plataneros.
El último tramo de la vida de Vincent van Gogh
Por recomendación de Pissarro, Theo organiza su traslado a Auvers-sur-Oise, cercano a París y donde vive el Dr. Paul Gachet, para que pueda atenderlo. Vincent llega en mayo de 1890 y, nada más conocerlo, surge entre ambos una corriente de simpatía y sano afecto. En agradecimiento por sus cuidados, le regala varios lienzos, entre ellos el famoso Retrato del Dr. Gachet, que unos años más tarde se venderá por más de ochenta millones de dólares.
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| Tumbas de Vincent y Theo van Gogh |
El posadero avisa de inmediato a su hermano, y también acude presuroso el Dr. Gachet. Vincent tarda dos días en morir; la herida es demasiado grave para salvarlo. El 29 de julio de 1890 se despide de este mundo arropado entre los brazos de su querido hermano Theo.
Sus amistades de París acuden a darle el último adiós, todos con flores amarillas, girasoles y dalias, que depositan sobre su ataúd. También sus últimos cuadros se cuelgan en la sala.
Se había marchado un hombre al que la vida solo regaló pequeños instantes de felicidad, un enamorado del color amarillo y de la naturaleza. Un hombre solidario y bondadoso que jamás encontró su lugar en el mundo. Se fue cansado y buscando esa libertad que aquí en la Tierra solo encontró en sus pinturas. Vincent van Gogh tenía 37 años. En 1901 una gran exposición retrospectiva en París empezó a darle el reconocimiento que nunca tuvo en vida. El último cuadro que pintó fue Raíces de árbol, pintado el mismo día de su muerte, y que actualmente se encuentra en el Museo Van Gogh de Ámsterdam.
Su hermano Theo fallece apenas seis meses después. Tenía 34 años. Su salud se había deteriorado gravemente, tanto a nivel físico como mental. La pérdida de su hermano le afectó profundamente. En 1914, sus restos fueron trasladados a Auvers-sur-Oise y enterrados junto a los de Vincent.
Beatriz Moragues









Hola, Beatriz, qué pena que los genios lo pasen tan mal en este mundo, todos deberíamos reflexionar un poco sobre esto. Hoy estaría diagnosticado como TDH o autista o algo así, supongo, y, espero, tendría un poco más de consideración.
ResponderEliminarCurioso que en el colegio le dijeran que no servía para el arte, de estos pronósticos suelen salir luego las mejores obras.
Gracias por traerlo.
Un abrazo. 🤗
Buenos días, Merche. Muchas gracias por tu comentario. Pues sí, es una pena que personas con ese talento tengan que acabar de esa manera. Si además sufren una enfermedad, como en este caso, es todavía más penoso, porque la medicina no sabía diagnosticar ciertas dolencias y, por lo tanto, tampoco tratarlas. Pero sobre todo, da mucho coraje que en la actualidad se estén vendiendo sus cuadros por esas millonadas y que otros se estén enriqueciendo. En fin...
EliminarPor otra parte, la historia de su infancia y esos comentarios en la escuela son un claro ejemplo de cómo los pronósticos y etiquetas tempranas pueden ser engañosos. Ese tipo de "profecías" de los profesores son para enmarcar y, desgraciadamente, más usuales de lo que deberían.
Un abrazo!!
¡Hola, Beatriz!
ResponderEliminarQué recorrido tan completo y emotivo has hecho por la vida de Van Gogh. Me ha encantado leerlo, has hilado de maravilla esa mezcla tan brutal de genialidad, dolor, búsqueda y sensibilidad extrema que fue su existencia.
Hay detalles que pones que realmente sobrecogen, como lo del hermano mayor fallecido con su mismo nombre y esa lápida como espejo oscuro de la infancia, o esa lucha constante por encontrar su sitio, ya fuera en la fe, en el amor o en trabajos que no le llenaban, hasta que encontró la pintura como tabla de salvación (y a la vez, como fuente de más tormento, a veces).
Es increíble pensar en esa actividad frenética de sus últimos diez años, pintando casi a diario a pesar de todo, como si necesitara volcar en el lienzo todo lo que le quemaba por dentro. Y qué fundamental la figura de Theo, ¿verdad? Ese apoyo incondicional en medio de tanta incomprensión y dificultad.
Gracias por este retrato tan bien documentado y, sobre todo, tan humano de un artista irrepetible. Artículos así hacen que volvamos a mirar su obra (y su vida) con otros ojos.
¡Un abrazo fuerte, compañera!