Marie Curie es una de las grandes científicas de la historia. Nacida en Polonia en el siglo XIX, supo derribar las barreras de su tiempo para adentrarse en el corazón de la ciencia. Y su vida no solo es significativa en la parte profesional, también en su vida personal fue capaz de enfrentarse con coraje a las adversidades que le planteó el destino.
Maria Sklodowska, más conocida como Marie Curie, nace en Varsovia, Polonia, el 7 de noviembre de 1867. Sus padres son unos enamorados de la cultura, por lo que crece en un ambiente apropiado para desarrollar y ampliar sus inquietudes intelectuales. Marie es la última de cinco hermanos y desde pequeña destaca como estudiante excepcional. A los 15 años se gradúa del colegio con medalla de oro por ser la mejor de su clase.
En su infancia se combinan varios hechos que la marcan para siempre. Cuando Marie tiene apenas cuatro años, su madre comienza a mostrar síntomas de tuberculosis. Con la lucidez dolorosa de quien sabe lo que tiene, decide evitar todo contacto físico con sus hijos para no contagiarlos. Para una niña, sin duda, esa distancia resulta dolorosa y difícil de entender. Crecer sin las caricias, los abrazos ni los besos de su madre deja una profunda huella en su carácter.
Otros dos sucesos trágicos sobresalen en la vida de la joven Marie. En enero de 1876, cuando tiene apenas ocho años, su hermana mayor Zosia fallece a causa del tifus. Dos años después, en mayo de 1878, también pierde a su madre, que muere tras una larga batalla de cinco años contra la tuberculosis. Esas dos muertes prematuras, unidas a los acontecimientos anteriormente narrados, imprimen a su carácter un rasgo de introversión que nunca la abandonó.
Pero dichas circunstancias no la hacen desistir de su empeño, su fascinación por saber se mantiene intacta. En 1883 culmina sus estudios secundarios con la máxima distinción, obteniendo la medalla de oro por ser la alumna más destacada de su promoción. Varsovia en aquellos años no permite los estudios universitarios a las mujeres, así que Marie sabe que no puede continuar su educación a no ser en secreto. Por ello su decisión es unirse a la Universidad Volante, una red clandestina de aprendizaje abierta a hombres y mujeres, que se reúnen en lugares cambiantes, habitualmente casas particulares, para tener acceso a un conocimiento que las autoridades rusas, que ocupan Polonia, les niega.
Marie estudia durante un tiempo en la Universidad Volante, pero llega un momento en que desea hacer las cosas de otro modo y entonces entra en escena su hermana Bronia. Las hermanas llegan a un acuerdo: Bronia se marcharía primero a estudiar medicina a París, mientras Marie la ayudaba económicamente desde Polonia. Para cumplir su parte del trato, Marie trabaja durante cinco años como institutriz, enviando la mitad de su salario a su hermana. Cuando Bronia terminase sus estudios, sería Marie la que iría a la capital francesa para hacer lo que tanto deseaba, cursar estudios de ciencias en la universidad.
En 1891 llega a París y se instala en casa de su hermana durante unos meses, hasta que decide irse a vivir sola. Estudia casi las veinticuatro horas del día, y eso la hace quedar la primera de su promoción en física y la segunda en matemáticas. En 1893 logra su licenciatura en física y un año después en matemáticas, algo extraordinario para una mujer en aquella época.
Marie y Pierre Curie
Marie, ensimismada y apasionada en sus proyectos profesionales, no imaginaba que el amor iba a aparecer en su vida. Pero lo hizo, en la persona de Pierre Curie. Marie tenía veintiséis años, Pierre tenía treinta y cuatro, y también era un entusiasta de la ciencia, con un prestigio ya reconocido en la comunidad científica internacional.
El destino les unió en 1894, y desde el primer momento hubo química entre ellos. Pierre no dejó pasar mucho tiempo, y a los pocos meses le expresó su deseo de casarse con ella. Marie estaba indecisa, unir su vida a Pierre le suponía decir adiós para siempre a su amada Polonia. Transcurrieron quince meses antes de que accediera a las pretensiones de su enamorado. Pero ese día llegó, y se casaron. Su boda fue tan sencilla como ellos mismos y su luna de miel consistió en un recorrido en bicicleta por las carreteras francesas, hospedándose en hostales, pero felices de estar juntos y deseando volver a sus laboratorios. No en vano, Marie decía: "Soy de quienes piensan que la ciencia encierra una gran belleza. Un sabio en su laboratorio no es sólo un técnico, es también un niño colocado ante fenómenos naturales que lo impresionan como un cuento de hadas".
Se instalaron en un pequeño apartamento, donde los libros eran el principal adorno. A los dos años llega su primera hija, Irène, que con el paso del tiempo seguiría el mismo camino que sus progenitores: en 1935 gana el Nobel de Química junto a su marido por el descubrimiento de la radiactividad artificial. Marie e Irène siguen siendo hoy la única pareja madre-hija en haber ganado el Premio Nobel.
Marie siguió con sus experimentos, y convence a Pierre de abandonar su trabajo sobre cristales para trabajar juntos. En 1898 notifican el hallazgo de un elemento desconocido. Marie lo bautiza como polonio, en honor a su querida Polonia, y en ese mismo artículo acuña por primera vez el término "radiactividad". A finales de ese mismo año, con la colaboración del científico Gustave Bémont, descubren el radio.
Marie siguió con sus experimentos, y convence a Pierre de abandonar su trabajo sobre cristales para trabajar juntos. En 1898 notifican el hallazgo de un elemento desconocido. Marie lo bautiza como polonio, en honor a su querida Polonia, y en ese mismo artículo acuña por primera vez el término "radiactividad". A finales de ese mismo año, con la colaboración del científico Gustave Bémont, descubren el radio.
Por esas fechas, ya la salud de ambos empieza a resentirse. Pierre comienza a sufrir grandes dolores en las piernas, lo que le obliga a guardar reposo durante un tiempo. También Marie se encuentra terriblemente agotada y adelgaza considerablemente, aunque su inquebrantable voluntad la mantiene en movimiento. La exposición a la radiactividad ya les está afectando: observan las quemaduras en la piel, pero ignoran aún las terribles consecuencias que tendrá la exposición prolongada sobre su salud.
Sus investigaciones traspasan las fronteras de Francia, y pronto surge la cuestión de si patentar o no sus descubrimientos. La decisión no fue fácil, pero Marie lo tuvo claro: "Es imposible. Sería contrario al espíritu científico. El radio no debe enriquecer a nadie. Pertenece a toda la gente". Y así queda zanjado el asunto. Juntos deciden publicar todas sus investigaciones, y con esa actitud dan la espalda a la riqueza con absoluta naturalidad.
En 1903, Pierre es invitado a dar unas conferencias en Londres, donde ambos recibien también la Medalla Davy de la Royal Society. Más tarde, multitud de llamamientos llegan para ambos, comidas y banquetes por toda la capital. En diciembre de ese mismo año reciben el Premio Nobel de Física, compartido con Antoine Henri Becquerel, por sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de la radiación. Sin embargo, su estado de salud es tan delicado que ninguno de los dos puede viajar a Estocolmo a recogerlo en persona.
El tiempo transcurre, y las invitaciones continuas que reciben les empiezan a cansar. En febrero de 1904, Marie escribe: "¡Siempre hay ruido a nuestro alrededor! La gente nos distrae de nuestro trabajo. He decidido no recibir más visitas, pero de todos modos se me importuna. Los honores y la fama han estropeado nuestra vida. La existencia pacífica y laboriosa que llevábamos ha sido completamente desorganizada". Ese mismo año, el 6 de diciembre, nace su segunda hija, Ève.
La primavera de 1906 la sorprende con un terrible acontecimiento: su marido muere atropellado por un carro de caballos. A raíz de ese trágico suceso, el Gobierno francés le otorga una pensión, pero Marie la rechaza.
Marie Curie en lo más alto
Un mes después del fallecimiento de Pierre Curie, el Consejo de la Facultad de Ciencias concede a Marie la cátedra que había ejercido su marido en la Sorbona. Pero no fue hasta el 5 de noviembre de 1906 cuando da su primera clase. La sala está abarrotada de estudiantes, periodistas y curiosos. Marie no hace ninguna introducción ni nombra a Pierre, simplemente empieza su disertación tomando la última frase que él había pronunciado en ese mismo lugar. El legado proseguía.
A partir de ese momento, Marie Curie recibe distinciones de diferentes países. Suecia le entrega el Premio Nobel de Química en 1911, por el descubrimiento del radio y el polonio, y el estudio de sus propiedades. De este modo se convierte en la primera persona que recibe dos Premios Nobel, y la única hasta hoy en obtenerlos en dos disciplinas científicas distintas: física y química.
La Primera Guerra Mundial, en 1914, la lleva junto con su hija Irène, de 17 años, a constituir el Servicio de Radiología de la Cruz Roja francesa. Curie diseña y organiza una flota de 20 vehículos equipados con aparatos de rayos X, bautizados por los soldados como "petites Curies", y establece 200 unidades fijas en hospitales militares de toda Francia. Forma a unas 150 mujeres como operadoras de radiografía, instruye al personal sanitario, e incluso conduce la primera unidad móvil hasta el frente de batalla.
En 1921 ocurre un acontecimiento sin precedentes, las mujeres norteamericanas reunen cien mil dólares, el coste de un gramo de radio, y se lo entregan a Marie Curie, con la condición de que visite Estados Unidos. Marie accede, conmovida por la generosidad de esas mujeres y, en la madurez de su vida, realiza su primera visita oficial y es recibida en la Casa Blanca por el presidente Harding. En 1929 se vuelve a repetir el gesto y el presidente Hoover le entrega un cheque de 50.000 dólares, donado por amigos americanos de la ciencia, para adquirir radio destinado al laboratorio de radioactividad de Varsovia.
Marie Curie muere el 4 de julio de 1934 a los 66 años, víctima de una anemia aplásica causada por décadas de exposición a la radiactividad. Según su voluntad, el entierro fue sencillo, sin discursos y sin cortejo, solo sus seres queridos. Es enterrada junto a Pierre en el cementerio de Sceaux. En abril de 1995, en una ceremonia presidida por el presidente francés François Miterrand y el presidente polaco Lech Walesa, sus restos y los de Pierre son trasladados al Panteón de París, convirtiéndola en la primera mujer en ingresar allí por méritos propios.
La imprescindible Marie Curie
Marie Curie conoció en carne propia lo que era querer estudiar sin recursos. Esa experiencia la acompañó siempre y la hizo especialmente sensible hacia quienes, teniendo capacidad intelectual, no podían acceder a la educación por su situación económica. Su historia se convertiría con el tiempo en inspiración para numerosos programas de becas creados en su nombre, como las Marie Slodowska-Curie, impulsadas por la Unión Europea para apoyar a investigadores de todo el mundo.
Marie Curie fue:
* La primera de su promoción en la carrera de Física.
* La primera mujer en doctorarse en Francia.
* La primera mujer en lograr un Premio Nobel.
* La primera mujer en conseguir una cátedra en la Sorbona.
* La primera persona que recibió dos Premios Nobel.
La vida de Marie Curie es mucho más que una sucesión de descubrimientos y premios. Es la historia de una mujer que abrió caminos cuando casi ninguno estuvo abierto para ella, enfrentándose a las barreras de su tiempo con una determinación extraordinaria. Su trabajo dejó una profunda huella en la ciencia, pero quizá su legado más poderoso sea haber demostrado, con su propia vida, que el conocimiento no debería tener límites impuestos por el género. El nombre de Curie continúa ligado a una idea que permanece intacta: la curiosidad, cuando se convierte en perseverancia, puede cambiar el mundo.
Beatriz Moragues





Maravillosa biografia👋
ResponderEliminarMuchas gracias, Dakota.
EliminarFue una gran mujer y científica. Gracias por recordármelo. Un abrazo
ResponderEliminarSin ninguna duda, Nuria. Gracias a ti. Un abrazo!!
EliminarExcelente post, sin duda un personaje histórica que vale la pena adentrarse mas a sus descubrimientos
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, José.
EliminarHola, Beatriz, qué curioso todo lo que cuentas de esta gran científica, conocía algunos detalles de su vida, pero pocos. Me ha sorprendido lo de su madre, hoy pasa eso y el niño/a, como poco, tiene que ser ingresado en un psiquiátrico; en cambio ella decidió saber. Supongo que cuando fue siendo mayor y conoció lo que le pasó a su madre y a su hermana, por eso decidió dedicarse a la investigación. Muy buena decisión. También me ha sorprendido lo de los cuadernos, lo desconocía. Entregó su vida a la ciencia y bienvenidos sean esos reconocimientos.
ResponderEliminarLa cita final es buenísima.
Un abrazo. :)
Hola, Merche. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra saber que el artículo te descubrió nuevos aspectos de la vida de Marie Curie. Es impresionante todo lo que vivió y cómo, a pesar de las pérdidas y las dificultades, siguió adelante con una determinación asombrosa y con ese anhelo de saber.
EliminarLo de su madre, sí… durísimo. Y es admirable cómo transformó ese dolor en impulso. Tener una vocación tan clara desde joven seguramente le dio fuerzas para seguir adelante.
Y ya que estamos, te cuento un dato que dejé fuera para no alargar demasiado el artículo. No sé si lo conocerás: cinco años después de la muerte de su marido, Marie tuvo una relación con Paul Langevin, un físico brillante, más joven que ella y casado. Cuando se filtró la historia, la prensa fue despiadada. La atacaron por todos lados, y hubo quienes quisieron impedir que recibiera su segundo Nobel por “cuestiones morales”. Incluso la Academia le sugirió que no asistiera a la ceremonia. Pero ella, con toda la dignidad del mundo, respondió que el premio era por su trabajo científico, no por su vida privada. Y fue. Y lo recogió.
Un abrazo 🤗
¡Cómo me gusta venir a estudiar contigo, Beatriz! Cosas ya sabidas y cosas no conocidas y otras olvidadas o no recordadas. Y esa cuestión del amante, por supuesto que no la sabía. Y ahí una vez más su temple, ella en pleno. ¡Gracias por esto! Y muchos muchos abrazos 🌹🌹🌹
ResponderEliminarHola, Maty. Me alegra mucho que disfrutes estos ratitos de historia compartidos, con datos que se mezclan entre lo conocido, lo desconocido y lo olvidado.
EliminarLo del amante fue todo un escándalo en su época. Pero ahí estuvo ella, firme como siempre, sin dejar que la juzgaran por su vida privada. Una lección más de coraje.
Gracias a ti por estar ahí, siempre con esa energía tan bonita. Muchos abrazos de vuelta 🤗🌹