viernes, 11 de marzo de 2016

Catalina de Erauso: la monja alférez

Corre el año 1600. En un convento de San Sebastián, una novicia atraviesa la puerta que la separa del mundo aprovechando unas llaves olvidadas. Nunca regresará. En las tres décadas siguientes, Catalina de Erauso construye una vida que desafía todo lo previsto para ella. Recorre América como soldado bajo distintos nombres masculinos, alcanza el grado de alférez en la Guerra de Arauco, mata sin saberlo a su propio hermano en un duelo, y termina confesando su identidad a un obispo cuando cree que va a morir. Su historia, ya extraordinaria por sí sola, se vuelve aún más singular cuando el rey Felipe IV y el papa Urbano VIII, cada uno por motivos distintos, deciden apoyarla.

Catalina llega al mundo en 1592, en San Sebastián, Guipúzcoa, en una familia acomodada y religiosa. A la corta edad de cuatro años ya la ingresan en el convento, junto con sus tres hermanas. Pero Catalina descubre muy pronto que esos muros no son para ella. Con el paso de los años tiene la certeza de que algún día escapará de su cárcel. Ese día llega tras una reyerta con otra novicia. Catalina aprovecha unas llaves olvidadas para escapar del convento para siempre.

Catalina de Erauso

Se hace ropa de hombre con lo que tiene a mano y así comienza su nueva vida como varón, ahora bajo el nombre de Francisco de Loyola. Durante días camina sin más sustento que las hierbas silvestres que va encontrando en el camino. Llega primero a Vitoria, donde trabaja con un pariente lejano que no la reconoce. Después se traslada a Valladolid, donde sirve como paje del secretario real Juan de Idiáquez, y más tarde a Estella, donde pasa dos años como paje de un hidalgo local. En los años siguientes adoptará otros nombres masculinos: Pedro de Orive, Alonso Díaz Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso.


Catalina de Erauso parte hacia América


Catalina llega a la provincia de Cádiz, exactamente a Sanlúcar de Barrameda, y allí embarca hacia tierras americanas como grumete, siempre con nombre falso, en el galeón de su propio tío, que no la reconoce. A su llegada trabaja en cualquier cosa que le sale, pero ella quiere alistarse como soldado del rey y no se detendrá hasta conseguirlo.

Recorrido de Catalina de Erauso por Sudamérica
Recorrido de Catalina de Erauso por Sudamérica

Tras Cartagena, Panamá y Lima consigue por fin lo que busca: se alista en una compañía que parte hacia Chile, a la Guerra de Arauco. Allí muestra su pericia y su valor con las armas, hasta el punto de ganarse la admiración y el respeto de sus superiores, que la ascienden al grado de alférez.


Catalina de Erauso y las mujeres


A Catalina le gustan las peleas, el juego y la aventura, y se bate en duelo por cualquier nimiedad. También le gustan las mujeres, y no pocos de esos duelos nacen de los celos de algún marido afrentado.

Monumento a Catalina de Erauso en San Sebastián
Monumento a Catalina de Erauso en San Sebastián

Su reputación no se limita a las espadas ni a los duelos, entre las mujeres con las que comparte lecho empieza a correr la voz de que aquel alférez bravucón es, además, un amante excepcional.


Los problemas con la ley


A Catalina la detienen varias veces por sus peleas, sobre todo cuando alguno de sus contrincantes termina herido de gravedad o muerto. Sin embargo, lo que está a punto de vivir supera cualquier episodio anterior, tanto por lo dramático como por lo inesperado.

Catalina de Erauso luchando

Un amigo le pide que asista a su duelo como padrino y ella acepta. Los luchadores acaban ambos heridos e incapaces de continuar, y deben poner fin al combate los padrinos, ya que las reglas así lo establecen.

Catalina y su adversario echan mano de la espada de inmediato y después de unos minutos su contrincante cae herido de muerte. La costumbre apunta a que se le debe preguntar su última voluntad al moribundo, y así lo hace Catalina. Este le comunica con voz entrecortada que le hagan saber a su familia en España el fatal desenlace, y que su nombre es Miguel de Erauso. Catalina se queda petrificada por unos segundos. Sin saberlo, ha matado a su propio hermano. Pero no puede entretenerse demasiado tiempo, su única alternativa es escapar rápidamente para evitar ser detenida. Unos dicen que este suceso no le afectó demasiado, mientras otros cuentan que el remordimiento la acompañó el resto de su vida.


Su secreto al descubierto


Estamos en 1623. Catalina vuelve a batirse en duelo y vuelve a matar, pero esta vez es detenida. Además, está herida de gravedad y, creyéndose próxima a la muerte, pide confesión y revela al  obispo, Agustín de Carvajal, su verdadera identidad. El religioso la escucha asombrado, sin saber qué creer. ¿Cómo es posible que aquel alférez, valiente y temido por sus enemigos, sea una mujer? Estupefacto, llama a dos matronas para que comprueben si el soldado está diciendo la verdad.

Cuando regresan asegurándole al obispo que Catalina no miente, este la toma bajo su protección y la noticia se difunde rápidamente por la ciudad y el virreinato. Al no poder ser juzgada como hombre, la obligan a recluirse en un convento.

Felipe IV a caballo, por Velázquez (Museo del Prado)
Felipe IV a caballo, Velázquez (Museo del Prado)

Pero Catalina de Erauso se ha hecho famosa, todos quieren conocerla, tanto el vulgo como los nobles de la época. Sus compañeros de andanzas están asombrados, no pueden creer que aquel con el que han compartido batallas, diversiones y peleas sea una mujer.

Después de dos años y medio consigue que la autoricen a salir del convento y regresa a España, concretamente a Madrid. Allí la recibe el joven rey Felipe IV que le revalida su grado de alférez y le concede una pensión de 800 escudos por los servicios prestados a la corona. El monarca es el que le pone el sobrenombre de la Monja Alférez.


La vuelta a América


Catalina se desplaza a Roma, al Vaticano, quiere hablar con el Papa Urbano VIII y hacerle una petición. De manera increíble, el Papa se la concede y la autoriza a vestir ropa de hombre hasta el final de sus días.

Papa Urbano VIII
Papa Urbano VIII

Vive unos años en España y después decide regresar a América. Estamos en 1630. Se instala en México, donde vive veinte años bajo el nombre de Antonio de Erauso. Monta un negocio de transporte de mercancías con mulas entre Ciudad de México y Veracruz. Muere en 1650.

Catalina no tuvo una vida fácil. En su infancia y primera adolescencia, su carácter rebelde le costó castigos y peleas dentro del convento. Ya de adulta, quienes la conocieron en persona no dejaban de comentar su aspecto poco femenino. Puede que por eso decidiera regresar a tierras americanas en la última etapa de su vida, alejada de las miradas que la fama le había impuesto. Ella sabía que todos la veían como alguien que iba contra natura.

Beatriz Moragues


2 comentarios:

  1. Qué vida tuvo la pobre. Me ha encantado leerlo. Un abrazo

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Nuria. La vida de las mujeres era complicada en épocas pasadas, aunque fueran valientes, o quizá más todavía si lo eran. Un abrazo.

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