La figura de Juan de Trastámara, heredero de los Reyes Católicos, suele aparecer envuelta en un velo de silencio histórico. Su vida, tan breve como intensa, estuvo marcada por la fragilidad física, las expectativas dinásticas y los vínculos afectivos. Su historia es la de un destino truncado, pero también la de un joven que fue profundamente querido.
La infancia del príncipe Juan
El príncipe Juan nace en Sevilla, en junio de 1478. Es el segundo hijo de los Reyes Católicos y hermano de Juana, a quien más tarde se conocería tristemente como “Juana la Loca”. Desde la infancia tiene una salud débil y padece distintas enfermedades.
Sus padres deciden que se ocupe de él una mujer, Juana Velázquez de la Torre, elegida por su virtud, prudencia y aptitud para la crianza. Entre ellos se establece una bonita relación basada en el cariño mutuo.
La formación de Juan de Trastámara
Los Reyes Católicos se encargan de que su hijo reciba una excelente educación, con el fin de convertirlo en un joven preparado y capaz de ejercer dignamente como monarca en un futuro.
Fray Diego de Deza, uno de sus maestros, lo instruye en humanidades y religión, mientras otros preceptores lo forman en esgrima, equitación y en el espíritu de la caballería.
![]() |
| Diego de Deza |
Fray Diego de Deza, uno de sus maestros, lo instruye en humanidades y religión, mientras otros preceptores lo forman en esgrima, equitación y en el espíritu de la caballería.
La boda de Juan de Trastámara
Los Reyes Católicos empiezan a buscar a la mujer adecuada para que se una en matrimonio con el futuro heredero, sin perder de vista los intereses políticos. Deciden que Juan se case con Margarita de Austria, y su hermana Juana con el hermano de esta, Felipe el Hermoso.
El viaje de la joven se retrasa por una travesía marcada por las tormentas. A su llegada, la boda se celebra en plena Cuaresma, en contra de la costumbre religiosa, aunque los grandes festejos se posponen hasta después de Semana Santa. El enlace tiene lugar en Burgos en la primavera de 1497.
![]() |
| Escudo de Juan de Aragón |
La salud del príncipe Juan
La salud del príncipe se va deteriorando por momentos. Corre el rumor que cumplir los requerimientos de alcoba, que son inherentes al matrimonio, no le deja disfrutar del descanso que su debilitado cuerpo necesita.
Cuando solo habían pasado seis meses de su enlace, instalado en Salamanca, Juan sufre violentas fiebres, y fray Diego de Deza manda de inmediato a un mensajero para que avise a sus padres.
Fernando el Católico llega a tiempo de despedirse de su hijo y es tal la aflicción del rey, que es el príncipe quien le consuela.
![]() |
| Reyes Católicos - Serie RTVE |
Fernando el Católico llega a tiempo de despedirse de su hijo y es tal la aflicción del rey, que es el príncipe quien le consuela.
Su madre, Isabel la Católica, ya no ve al joven con vida. Madre e hijo tienen una relación muy estrecha, la reina le llama “mi ángel”. Perderlo a tan temprana edad, sin poder darle un último adiós, le causa una tristeza inconmensurable.
El príncipe Juan y su perro Bruto
Al joven príncipe y a su perro Bruto, del que se dice que era muy inteligente, les unía un vínculo muy especial. Este lebrel parecía capaz de entender las palabras de su dueño, le traía objetos e incluso se cuenta que cuando el príncipe le pedía que le trajese a una persona, el can lo hacía.
Se cuenta que veló su cuerpo durante el funeral en la catedral de Salamanca, sin apartarse salvo para hacer sus necesidades. El lebrel se quedó rondando la catedral durante los días siguientes, hasta que la reina Isabel se lo llevó consigo.
La dinastía de los Trastámara desaparece
La muerte del joven heredero desbarata totalmente todas las aspiraciones de los Reyes Católicos, produciendo además una gran desolación a nivel social, ya que el príncipe era muy apreciado por el pueblo. Músicos y poetas de la época le dedican tristes canciones, como es el caso de Juan de la Encina.
Su tumba fue tallada por Domenico Fancelli, que más tarde se encargaría también de esculpir la de los Reyes Católicos. Se encuentra en el Monasterio de Santo Tomás, en Ávila. Y cuenta la leyenda que las muchachas que no tienen suerte en el amor, pueden ir hasta el sepulcro del príncipe Juan para darle un beso a su imagen y pedirle que les ayude a encontrar a su enamorado.
Su tumba fue tallada por Domenico Fancelli, que más tarde se encargaría también de esculpir la de los Reyes Católicos. Se encuentra en el Monasterio de Santo Tomás, en Ávila. Y cuenta la leyenda que las muchachas que no tienen suerte en el amor, pueden ir hasta el sepulcro del príncipe Juan para darle un beso a su imagen y pedirle que les ayude a encontrar a su enamorado.
Beatriz Moragues





¡Qué interesante! Siempre me ha interesado mucho la vida de los hijos de los Reyes Católicos. Qué publicación tan interesante, ¡me ha encantado!
ResponderEliminarMuchas gracias, Alejandro, por tu comentario. Me alegro que te haya gustado el artículo. Un saludo.
EliminarExcelente artículo! 😉 Nuestras felicitaciones!! Saludos! 🙋♂️🙋♀️
ResponderEliminarMuchas gracias, Viajantes, por pasaros por aquí y comentar. Saludos!!
EliminarHola, Beatriz, una vida corta tuvo el príncipe. Y como siempre prohibiéndole leer libros, en este caso los de caballerías. ¡Vaya profesores! En fin, era la época.
ResponderEliminarMuy interesante el artículo.
Un abrazo. :)
Hola, Merche. Gracias por tu comentario. La verdad es que al pobre Juan le tocó vivir deprisa y con demasiadas personas decidiendo por él, pero es lo que había en esos tiempos.
EliminarY sí, lo de prohibirle los libros de caballerías es casi un clásico de la época, temían más a la imaginación que a cualquier enemigo real. Aunque, como tú dices, era la época.
Un abrazo 🤗
Hola Beatriz, no conocía la historia con tantos detalles, pobre vida la del príncipe, aunque tuvo mucho afecto a su alrededor y relaciones profundas y esa con su perro donde la comunicación no necesitaba palabras. Gracias por traerla, abrazo grande Themis
ResponderEliminarHola, Themis. Muchas gracias por tu comentario. La vida de Juan fue breve y frágil, sí, pero también llena de esos afectos silenciosos que a veces sostienen más que cualquier grandeza.
EliminarA mí también me conmueve esa relación tan pura con su perro Bruto, donde no hacía falta hablar para entenderse. Con los animales es así...
Un abrazo 🤗