domingo, 20 de marzo de 2016

El hijo de los Reyes Católicos: Juan de Trastámara

Juan de Trastámara, o Juan de Aragón y Castilla, fallece sin poder cumplir los veinte años de edad. Quizá por eso su figura ha quedado difuminada en la historia.

La infancia del príncipe Juan


Juan de Trastámara
Juan de Trastámara
El príncipe Juan nace en Sevilla, en junio de 1478. Es el segundo hijo de los Reyes Católicos y hermano de Juana, a quien más tarde se la conocería como “Juana la Loca”.
Desde la infancia tiene una salud débil y es presa de distintas enfermedades, probablemente resultado del vínculo familiar que une a sus padres. También su hermana Juana es víctima de la herencia genética, sobre todo por la rama materna, ya que la madre de Isabel la Católica también sufrió problemas mentales.
Sus padres, y especialmente su abuelo Juan II de Aragón, quieren impedir que los cuidadores del pequeño le influyan políticamente y deciden que se ocupe de él una mujer, Juana Velázquez de la Torre. Juana está con el pequeño heredero hasta los siete años, estableciéndose entre ellos una bonita relación basada en el cariño mutuo.

La formación de Juan de Trastámara


Los Reyes Católicos se encargan de que su hijo reciba una excelente educación, desean convertirle en un joven preparado y capaz de ejercer dignamente como monarca en un futuro.
Fray Diego de Deza es uno de sus profesores y una de las primeras medidas que adopta es prohibir que lea libros de caballería, para que no le llenen la cabeza de fantasías e irrealidades absurdas. Llegan también educadores de Salamanca y del extranjero.

La boda de Juan de Trastámara


Corre el año 1497 y los Reyes Católicos empiezan a buscar a la mujer adecuada para que se una en matrimonio con el futuro heredero, sin perder de vista los intereses políticos. Deciden que Juan se case con Margarita de Austria, y su hermana Juana con el hermano de Margarita, Felipe el Hermoso.
El viaje de la joven se retrasa y la boda también, ya que Margarita llega junto al príncipe en Semana Santa y los Reyes Católicos deciden que no son fechas apropiadas para la celebración de tal evento.
Pasadas las fechas religiosas, se celebra el enlace en la catedral de Burgos. Es la primavera de 1497.
Sin embargo, la pasión de los jóvenes todavía tendría que esperar, ya que en la fiesta nupcial ocurre un desgraciado accidente que sesga la vida del hijo de un noble, y deben guardan unos días de luto en señal de respeto y aflicción.

Reyes Católicos
Reyes Católicos

La salud del príncipe Juan


La salud del príncipe se va deteriorando por momentos. Corre el rumor que cumplir los requerimientos de alcoba, que son inherentes al matrimonio, no le deja disfrutar del descanso que su debilitado cuerpo necesita.
Cuando solo habían pasado seis meses de su enlace, en un viaje de Burgos a Valladolid, deben detenerse por necesidad porque el príncipe no se siente bien. Nadie se alarma en exceso, acostumbrados a las dolencias crónicas del joven, pero esta vez es distinto. Diego de Deza se percata de la gravedad de su señor, y manda de inmediato a un mensajero para que avise a sus padres.
Fernando el Católico llega a tiempo de despedirse de su hijo y es tal la aflicción del rey, que es el príncipe quien le consuela.
Su madre, Isabel la Católica, ya no ve al joven con vida. Madre e hijo tienen una relación muy estrecha, la reina le llama “mi ángel”. Perderlo a tan temprana edad, sin poder darle un último adiós, le causa una tristeza inconmensurable.

El príncipe Juan y su perro Bruto


Al joven príncipe y a su perro Bruto, del que se dice que tenía ciertas facultades fuera de lo normal, les unía un vínculo muy especial. Este mastín parecía capaz de entender las palabras de su dueño, le traía objetos e incluso se cuenta que cuando el príncipe le pedía que le trajese a una persona, el can lo hacía.
Se relata que cuando el heredero enfermó, Bruto estuvo toda la noche aullando, como presagio de una fatalidad. Y existe una especie de leyenda, no corroborada históricamente, que afirma que cuando su dueño falleció, el mastín se quedó varios días junto a su tumba, hasta que la reina Isabel acudió en su busca y se lo llevó.

La leyenda negra sobre Margarita de Austria


La temprana muerte del príncipe llevó a murmuraciones y acusaciones veladas sobre su viuda, recayendo sobre ella la sospecha de que había contribuido a su muerte para propiciar la llegada al trono de su hermano, Felipe el Hermoso.
Sin embargo, históricamente es una hipótesis insostenible, ya que antes del hermano de Margarita habían otros descendientes en primera línea sucesoria, que desgraciadamente fallecieron por distintas causas. Y por esos giros del destino, acabaron reinando Juana la Loca y Felipe el Hermoso.

La dinastía de los Trastámara desaparece


La muerte del joven heredero desbarata totalmente todas las aspiraciones de los Reyes Católicos, produciendo además una gran desolación a nivel social, ya que el príncipe era muy apreciado por el pueblo. Músicos y poetas de la época le dedican tristes canciones, como es el caso de Juan de la Encina.
Su tumba fue tallada por Domenico Fancelli, que más tarde se encargaría también de esculpir la de los Reyes Católicos. Se encuentra en el Monasterio de Santo Tomás, en Ávila. Y cuenta la leyenda que las muchachas que no tienen suerte en el amor, pueden ir hasta el sepulcro del príncipe Juan para darle un beso a su imagen y pedirle que les ayude a encontrar a su enamorado.
Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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