miércoles, 23 de marzo de 2016

Irena Sendler, la mujer que salvó a miles de niños del holocausto nazi

Irena Sendler nace en febrero de 1910, en un pueblo al sur de Varsovia, en Polonia. En su familia aprende desde muy pequeña el valor de la solidaridad. Su padre es un médico rural que atiende a los pobres, y muere de tifus cuando Irena tiene tan solo siete años. Este suceso la marca para siempre y nunca olvidará las palabras y los hechos de su progenitor, siempre ayudando a los más desprotegidos.

Cuando Alemania invade Polonia, Irena, que es trabajadora social y enfermera, tiene 29 años y ejerce su función en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, en los comedores comunitarios que proporcionan comida a cientos de personas sin medios económicos.




Un año más tarde los nazis establecen el gueto de Varsovia, aislando a miles de judíos y obligándoles a sobrevivir en un entorno infernal. Irena se percata prontamente de lo que está ocurriendo y de lo que va a ocurrir si alguien no lo remedia, y es cuando se une al Consejo para la Ayuda de Judíos.





Salvando niños

Junto a sus compañeros, Irena decide que hay que salvar a la mayor cantidad de niños posible y se pone en marcha, arriesgándose a que la descubran y poniendo en peligro su propia vida.

Irena habla con las madres de muchos niños, les dice que ella puede sacarlos y darles una nueva identidad, pero no puede asegurarles que todo va a salir bien, que van a salvar la vida. Algunas madres se niegan, el solo hecho de pensar en separarse de sus hijos es demasiado doloroso. Irena no puede convencerlas siempre y en ocasiones cuando decide intentarlo de nuevo, descubre la horrenda realidad, que esas familias ya no están porque han sido conducidas a campos de concentración.

Pero hay muchas madres que sí ceden, conscientes de que sus hijos tendrán así una oportunidad para vivir. Irena recordará siempre las angustiosas escenas que se daban en el momento de la separación.

Para sacar a los niños utiliza las formas más inverosímiles: en camillas de ambulancia, en cajas, en sacos, en recipientes de basura, en ataúdes… Los niños de menor edad son sedados para evitar llantos y ruidos que los delatarían, y los más mayores en ocasiones escapan a través de una iglesia que tiene una puerta en la zona del gueto y la otra fuera de él. Esto estuvo sucediendo durante año y medio, y lograron salvar a 2500 niños de todas las edades.

Irena no quiere que esos niños pierdan el contacto con sus raíces, con su familia; quiere que a pesar de todo sepan algún día de dónde vienen y quiénes son sus padres. Así que entierra los datos de todos dentro de un bote, debajo de un árbol de uno de sus vecinos. Cuando termina la guerra, Irena saca esa información y posibilita que los niños vuelvan a recuperar a sus familias, aunque desgraciadamente una gran parte ha muerto en los campos de exterminio nazi.


Pero antes de que finalice el horror de la contienda, a Irena la descubren y averiguan lo que está haciendo. Estamos en octubre de 1943, y la prisión de Pawiak, en Varsovia, es el destino de esta trabajadora social. Allí la interrogan horas y horas de todas las maneras posibles, quieren saber dónde están los niños y el nombre de sus compañeros. La torturan, le rompen las piernas y los pies, pero Irena no delata a nadie, ni confiesa el paradero de ninguno de los pequeños. La condenan a muerte.



Sin embargo, sus compañeros del Consejo para la Ayuda de Judíos están al tanto de todo e intentan salvarla de las garras de la muerte. Al final, casi cuando el tiempo se acaba para Irena, consiguen sobornar a un soldado que la deja escapar cuando es conducida al cadalso.


Una heroína en el anonimato

A partir de ese momento, Irena se dedica a su vida familiar y personal. Nadie sabe lo que ha hecho y no saldrá a la luz hasta 1999, cuando unos estudiantes estadounidenses buscando información para un trabajo sobre los héroes del Holocausto se encuentran con Irena Sendler. No salen de su asombro, no entienden como una mujer que ha salvado a 2500 niños de la muerte, vive en el más absoluto anonimato. Y deciden realizar una obra de teatro sobre su vida.  La representan en distintos escenarios y un profesor judío que va a verla, queda tan sorprendido que decide facilitarles el suficiente dinero a los estudiantes para que conozcan a la heroína en persona.

A partir de ese momento recibe distintos reconocimientos por su labor humanitaria, y en el año 2007 es propuesta como candidata para el Premio Nobel de la Paz, pero se lo conceden al exvicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore.

Irena Sendler fallece en mayo del año 2008, en Varsovia. Tiene 98 años de edad. A pesar de lo que había hecho, en alguna ocasión dijo: "Los héroes hacen cosas extraordinarias. Lo que yo hice no fue extraordinario, fue normal".

Sin embargo, muchas personas pensamos que sí fue extraordinario, aunque los premios se los lleven otros que los merecen menos. Quizá las personas como Irena Sendler no necesitan premios, porque ellas mismas son un premio y un regalo para esta humanidad.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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