lunes, 9 de marzo de 2026

El regreso de Ulises a Ítaca (3ª parte)

En el Olimpo, los dioses observan el sufrimiento de Ulises, atrapado lejos de Ítaca. Su destino conmueve a todos... a todos menos a Poseidón, que no olvida ni perdona la agresión que dejó ciego a su hijo Polifemo. Pero el dios del mar está lejos, festejando entre los etíopes. Y en su ausencia, Atenea encuentra el momento propicio para plantear el caso ante Zeus.

Zeus manda a Hermes a la remota isla de Ogigia. El mensajero de los dioses ordena a Calipso liberar a Ulises de su largo cautiverio. La ninfa obedece: le entrega herramientas, mientras él mismo construye la embarcación que lo llevará de vuelta al mar. Juntos la cargan de víveres para el viaje.

Un gran barco de vela antiguo lucha contra un mar embravecido durante una tormenta. Las olas son altas y violentas, el cielo está cubierto de nubes oscuras y turbulentas, y en primer plano flotan un barril de madera y un ancla parcialmente sumergida.

Ulises zarpa en solitario. Tras diecisiete días de travesía, cuando ya avista tierra, Poseidón se entera que en su ausencia lo han dejado partir y enfurecido desata una enorme tormenta para hacerle naufragar. La balsa se hace pedazos entre olas gigantes y Ulises está a punto de morir, hasta que la ninfa marina Ino le entrega su velo mágico para mantenerlo a flote. El héroe nada durante dos días agotadores hasta alcanzar la orilla, donde cae rendido bajo una arboleda.


Salvado por una princesa


Ulises, todavía adormilado, escucha risas a su alrededor. Cubriéndose con una rama, se acerca a la princesa Nausícaa, que juega con sus doncellas junto al río. Suplica ayuda, y ella, conmovida, ordena que lo vistan y lo alimenten. Luego le indica el camino hacia el palacio de su padre, el rey Alcínoo.

En el palacio, Ulises es recibido con hospitalidad. Tras los banquetes y cantos en su honor, revela por fin su verdadera identidad y narra sus extraordinarias aventuras. Conmovido por su relato, el rey Alcínoo le ofrece un barco para que, por fín, pueda regresar a Ítaca.


La llegada a Ítaca


Ulises parte rumbo a Ítaca y llega dormido a la isla. Los marineros lo bajan con cuidado y lo dejan en la playa, junto a los tesoros que Alcínoo le regaló. Atenea envuelve la isla de niebla y, al despetar, Ulises no reconoce su propia tierra y cree que los feacios le han engañado y abandonado. Entonces la diosa se le aparece y juntos traman el plan: Ulises deberá entrar disfrazado de mendigo en su propio palacio para no ser reconocido.

Ulises, disfrazado de mendigo, decide dirigirse a casa de su más querido sirviente, Eumeo. Aunque este no le reconoce, lo recibe con amabilidad y lo invita a compartir su mesa. Durante la cena, le confiesa con preocupación que en el palacio se han instalado más de cien pretendientes que, aprovechando los veinte años de ausencia de Ulises, presionan a Penélope para que lo dé por muerto y elija esposo entre ellos, mientras dilapidan la hacienda real en banquetes a su costa. En ese momento, Telémaco entra en la cabaña, recién llegado de Esparta. El héroe, incapaz de contener la emoción, contempla como Eumeo abraza al muchacho con el cariño de un padre.

Un hombre vestido con ropas desgastadas camina apoyado en un bastón y cargando un saco al hombro por un camino empedrado. Al fondo, varias personas se reúnen alrededor de mesas en un ambiente festivo, con edificios de estilo griego clásico y un templo en lo alto de una colina.

El fiel sirviente sale a anunciar a Penélope el regreso de su hijo, dejando a Telémaco a solas con el desconocido mendigo. En cuanto quedan solos, Atenea interviene y toca a Ulises con su vara y le despoja de su disfraz de mendigo. Telémaco, atónito, cree estar en presencia de un dios... hasta que su padre logra convercerlo y ambos se funden en un largo abrazo.

Ulises vuelve a adoptar su disfraz de mendigo para que, cuando Eumeo regrese, no sospeche nada. Luego lo convence para que lo lleve a palacio, con el pretexto de pedir limosna entre los nobles. El sirviente acepta, y en los días siguientes, tras soportar en silencio las humillaciones de los pretendientes, ambos son testigos de un anuncio decisivo: Penélope, agotada por la espera, propone una pueba a sus pretendientes; se casará con quien logre tensar el arco de Ulises y disparar a través de doce hachas. El héroe, oculto entre los suyos, se prepara para recuperar su hogar y su honor.

Beatriz Moragues


4 comentarios:

  1. Hola Beatriz, las aventuras de Ulises de regreso a su Ítaca nunca cansan. Los dioses caprichosos juegan con el destino de los hombres, y en este pasaje en especial, Poseidón le hace pasar un mal rato al héroe, pero también disfruta del favor de otras deidades y prevalece. Gracias por compartirlo. Abrazos.

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    1. Hola, Ana. Gracias por tu comentario. Es verdad, el viaje de Ulises tiene algo hipnótico, por más veces que lo leamos, siempre encontramos un matiz nuevo en ese juego constante entre los dioses y el destino humano. En esta parte, Poseidón vuelve a recordarle al héroe lo frágil que es la voluntad de los mortales frente a la divina, pero también se ve cómo la astucia y el favor de otras deidades lo sostienen. Me alegro que lo hayas disfrutado.
      Un abrazo 🤗

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  2. Hola, Beatriz, qué bonita historia. Como ya te he dicho más de una vez me encanta la mitología. Gracias por recordarnos, de nuevo, a Ulises.
    Un abrazo. 🤗

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    1. Gracias a ti, Merche. Me alegro que te haya gustado. La mitología tiene esa magia de volver a ella una y otra vez y que te siga atrapando.
      Un abrazo 🤗

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