domingo, 16 de octubre de 2016

Paracelso: médico, alquimista y astrólogo

Paracelso fue un médico adelantado a su tiempo, siempre buscando nuevos remedios y deseando traspasar los conocimientos de sus contemporáneos. También fue alquimista y astrólogo.

Theophrastus Bombast von Hohenheim, más conocido como Paracelso, nace en 1493 en Einsiedeln, Suiza. Su padre es médico y alquimista, y de él aprende a utilizar las pócimas que ve cada día en su laboratorio. A los 16 años comienza sus estudios en la universidad de Basilea, Suiza, y aumenta sus conocimientos en Alemania, Italia, Egipto, España, Polonia, Dinamarca, Hungría, Rusia y Francia.

Paracelso


Pero Paracelso desde el principio quiere romper la ortodoxia de la enseñanza reglada e ir más allá. En 1926 comienza a dar clases en la universidad de Basilea, donde pone de manifiesto su singular manera de entender el arte de curar. Las discrepancias con sus compañeros de profesión no tardan en aflorar, lo que hace que sólo dos años más tarde tome la decisión de abandonar Suiza y poner rumbo a Alemania. Trabaja en distintos lugares y sus excelentes resultados le llevan a adquirir una buena reputación.



En aquellos años se pensaba que debía existir una solución para sanar todas las dolencias, mientras Paracelso afirmaba que lo que se debía buscar era un remedio individual para cada enfermedad. Asimismo, aseguró por primera vez que determinados tóxicos administrados en pequeñísimas cantidades podían sanar ciertas dolencias.

A los 43 años ve la luz su Gran libro de cirugía, que le proporciona una gran fama. Abrió puertas para utilizar de manera novedosa en medicina minerales como el mercurio, el azufre, el hierro y el plomo, y escribió la primera descripción clínica de la sífilis y el bocio. También se introdujo en la utilización de plantas medicinales, siempre observando la manera en que se curaba la gente humilde que vivía en contacto permanente con la naturaleza.

Paracelso entendía que cuerpo y alma estaban unidos de manera indisoluble, como la magia y la ciencia, y que un médico debía ser al mismo tiempo filósofo, astrónomo y teólogo. Entre sus obras más relevantes se pueden citar Liber Paragranum y Opus Paramirum.

Daba gran importancia a los cuatro elementos que conforman el mundo: tierra, aire, agua y fuego. Asimismo, creía en los seres elementales que viven en cada uno de estos elementos, los gnomos en la tierra, las ondinas en el agua, las salamandras en el fuego y las hadas en el aire.

Se dice que buscó incansablemente el elixir de la inmortalidad, que consiguió transmutar plomo en oro y que fue el verdadero creador de la Orden Rosacruz. Utilizó la alquimia principalmente para la elaboración de preparados medicinales y sentó las bases de la homeopatía.

Este singular médico se ganó muchos enemigos por su manera de entender la medicina, pero sus seguidores fueron mucho más numerosos y aumentaron en años posteriores a su muerte. En una ocasión afirmaría: “La magia es sabiduría, es el empleo consciente de las fuerzas espirituales para la obtención de fenómenos visibles o tangibles, reales o ilusorios. Es el uso bienhechor de la voluntad, del amor y de la imaginación. Es la fuerza más poderosa del espíritu humano empleada en el bien”.


Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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