lunes, 4 de abril de 2016

Sofonisba Anguissola, una pintora en la corte de Felipe II

Sofonisba Anguissola es un caso singular en la historia. Fue pintora en la corte de Felipe II, reconocida y admirada por sus contemporáneos y dedicada a lo que más amaba, la pintura. Logros que en pleno siglo XVI eran difícilmente alcanzables por una mujer. Sin embargo, la constancia, el talento y la rebeldía de nuestra protagonista, le permitió vivir una vida alejada en parte de los convencionalismos y cercana a sus propias inquietudes.

Autorretrato
Sofonisba nace en 1532 en Cremona, que formaba parte de la región de Lombardía, en Italia. Debe su nombre a la hermosa hija del general cartaginés Asdrúbal Giscón, por el que su padre, Amilcare Anguissola, sentía una gran admiración.

De familia noble y bien posicionada, Amilcare quiso dar a todas sus hijas la misma refinada educación que recibió su único hijo varón, Asdrúbal. En este punto, es de justicia romper una lanza a favor de algunos hombres, que viviendo en épocas terriblemente machistas, donde la mujer estaba confinada al hogar y a la obligación de tener descendencia, optan de un modo contundente por ofrecer educación y cultura a sus hijas. Sofonisba no es el único caso, también se pueden citar a otras mujeres relevantes como Hipatia de Alejandría o Marie Curie, que acceden a conocimientos vetados para ellas simplemente por pertenecer al sexo femenino.


Sofonisba viaja a Roma

Con tan solo catorce años ya se adivina su gran talento para la pintura. Transcurre el tiempo y en 1554 tiene la oportunidad de desplazarse a Roma para conocer a Miguel Ángel. Está nerviosa, es un pintor al que admira y sabe que es una referencia como artista. Que vaya a molestarse en opinar sobre sus cuadros es casi un sueño hecho realidad.

Miguel Ángel observa su obra con interés y descubre de inmediato el gran talento de la pintora. Pero quiere averiguar más, ver hasta dónde llega su pericia con el pincel y le sugiere que dibuje un niño llorando. Sofonisba empieza ese mismo día el cuadro y cuando el célebre pintor lo ve terminado, decide al momento ayudarla a perfeccionar su técnica. Eso sí, de una manera informal al ser una mujer.

Pero eso no apaga un ápice la ilusión de Sofonisba, que aprende rápidamente de las clases de su reputado maestro. A pesar del secretismo, en el entorno artístico corre la voz de que el gran Miguel Ángel tiene bajo su protección a una pintora con mucho talento. La gente empieza a interesarse, a preguntar. Y vende algunos cuadros. Se comienza a hacer un nombre, hasta el punto de que el mismo Papa Julio II adquiere uno de sus autorretratos.


Sofonisba Anguissola y Felipe II

Han pasado cuatro años. Estamos en 1558, y Sofonisba viaja a Milán. Allí conoce al Duque de Alba, que ha escuchado tantos elogios sobre la artista, que le pide que le haga un retrato.

En esos tiempos, el rey Felipe II está a punto de contraer matrimonio con Isabel de Valois, una enamorada del arte y que ha tenido oportunidad de ver el retrato del Duque de Alba pintado por Sofonisba. Ha quedado tan impresionada que le ruega al monarca español que haga lo posible para que la pintora visite España. De este modo, Sofonisba Anguissola es invitada a la corte española, creándose de inmediato una corriente de simpatía entre los reyes y ella, lo que provoca que se convierta en dama de honor de la reina y en pintora de la corte, colaborando asiduamente con el pintor de cámara de Felipe II, Alonso Sánchez Coello. Su entrada en la corte española dispara su fama y comienza a pintar cuadros para personalidades de la nobleza.

Cuadro jugando al ajedrez
La reina Isabel fallece en 1568, pero Sofonisba todavía se mantiene dos años más en la corte por el aprecio que el rey le profesa. Está rozando los cuarenta años y sigue soltera, por lo que Felipe II se dispone a buscarle un marido adecuado. El elegido es Fabriccio de Moncada, virrey de Sicilia. Los esposos parten hacia Italia y Sofonisba se dedica a su marido y a su casa, dejando un poco de lado su pasión por la pintura. A los nueve años queda viuda y decide regresar a Cremona, junto a su familia.

Pero el destino, caprichoso como de costumbre, tiene otros planes para ella. En el mismo barco que toma para regresar a su ciudad natal, conoce a Orazio Armellino, un marino al que le dobla la edad. El amor surge de inmediato entre ellos y deciden formalizar su unión. La diferencia de edad y de estatus social provoca que su familia rechace esa relación, pero ellos siguen adelante. Se casan y compran una enorme casa en Génova, donde Sofonisba instala su estudio para pintar y retomar así su gran pasión.


La pintora Sofonisba Anguissola

Sofonisba es la primera mujer del Renacimiento en conseguir que se la reconozca como artista, abriendo la puerta a otras mujeres con talento como Artemisia Gentileschi y Barbara Longhi.

Se le adjudican cincuenta obras, de las cuales tres están expuestas en el Museo del Prado, las únicas que pertenecen a una mujer. Muchas de sus pinturas se atribuyeron a otros pintores y ha sido gracias al paso del tiempo y a las investigaciones que se ha podido hacer justicia con esta pintora.

Sofonisba Anguissola fallece a los 93 años, en Palermo. Fue una mujer valiente, que creyó en sí misma lo suficiente para perseguir su pasión contra viento y marea, mostrando su rebeldía hasta en sus relaciones sentimentales. Después de morir, cae en el olvido más absoluto, sin duda por el machismo imperante de la época. Y hay quienes también apuntan a una especie de castigo, por atreverse, siendo mujer, a alcanzar la fama como artista y además unir su vida a un hombre mucho más joven que ella, rompiendo los convencionalismos de la época.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


No hay comentarios:

Publicar un comentario