domingo, 3 de julio de 2016

La infancia a través de la historia

“Nunca me he sentido amada en toda mi vida. Cuando el niño nació pensé que me querría. Cuando lloraba, su llanto indicaba que no me quería. Por eso le pegaba”.  Estas son las duras palabras de una madre que maltrataba a su hijo.

Los niños sufrían todo tipo de vejaciones en épocas pasadas, desde ser vendidos como animales hasta ser apaleados sistemáticamente sin más razón que la creencia de que ya nacían malvados e impuros.

El concepto de infancia

Antiguamente no existía la noción de infancia como se tiene en la actualidad. A los niños y niñas se les veía como una especie de adultos en pequeño, y desde muy temprana edad se les comenzaba a exigir casi las mismas obligaciones que a éstos.

El niño era considerado una posesión del padre y por lo tanto podía hacer con él lo que decidiera, ya que el pequeño no contaba con ninguna protección y la violencia era el pan de cada día. No era más que un estorbo, que además había nacido del pecado, estaba privado de alma y por lo tanto la maldad podía anidar en él. En los llantos del bautismo se pensaba que el niño intentaba expulsar al demonio que llevaba dentro.


Es en el Renacimiento (siglos XV y XVI) cuando empiezan a surgir algunas voces afirmando que al niño se le puede educar, y por lo tanto se debe acoger a los niños abandonados en centros para enseñarles el camino correcto.

Sin embargo, los buenos intentos se quedaron en la teoría y todavía tendrían que transcurrir varios siglos para que la situación de miles de niños y niñas comenzase a cambiar de verdad.

El infanticidio

Desde la Prehistoria el infanticidio fue algo normal y asumido. Se lanzaba a los niños al río o a estercoleros, o se les abandonaba en el monte para que murieran de hambre y sed. También se les emparedaba o se les enterraba en los cimientos de puentes y edificios, y se tenía la creencia de que eso fortalecía la estructura de la edificación.

Plutarco explica el sacrificio de niños entre los cartagineses:

"Con pleno conocimiento e intención, ofrecían a sus propios hijos y los que no los tenían se los compraban a los pobres y los degollaban como si fueran otras tantas ovejas o aves; entretanto, la madre asistía a la escena sin una lágrima ni un gemido. Pero si dejaba escapar un solo gemido o derramaba una sola lágrima, perdía la suma de dinero convenida y su hijo era sacrificado de todos modos".

Las mil caras del maltrato

Pegar a los niños en la cuna, introducirlos en agua helada por las mañanas, azotarlos cada día, llevarlos a presenciar ejecuciones y luego pegarles para que se les quedase grabado lo que habían visto… Estas son solo algunas formas de maltrato que sufrían los niños y niñas en otras épocas.

Lo normal, aunque siempre había excepciones, es que hasta el siglo XVIII el niño fuese criado por el ama de cría u otros asistentes, y a partir de los siete años partía a trabajar a una casa ajena. Por lo tanto, los padres apenas tenían contacto con el pequeño.

Cómo se alimentaba a los niños

A los niños se les amamantaba o se les daba leche de cabra o vaca, y papillas con agua, leche, pan o harina. También  se les hacía beber alcohol o se les daba opio para que estuviesen callados y no molestasen.

El Papiro Ebers fue redactado hacia el año 1500 a.C. en el antiguo Egipto, y en él se especifica cómo realizaban una mezcla de excrementos de mosca y semillas de adormidera para administrar a los niños y que dejasen de llorar.

Hasta el siglo XVIII también se les administraba purgantes y enemas de manera habitual, estuviesen sanos o enfermos. Incluso existía la creencia de que era necesario purgar al niño antes de comer, para que el alimento no se juntase con las heces.

Enfajar a los niños

En siglo pasados se pensaba que a los niños y niñas, al estar llenos de malicia, no se les podía dejar libres, porque se harían daño a sí mismos mutilándose o arrastrándose por el suelo como animales. La solución era envolverlos con vendas, para que apenas pudiesen moverse, o atarlos a la silla.

Niño enfajado

Los niños así envueltos eran más pasivos, lloraban menos y dormían más. Para los padres era más cómodo, porque los dejaban en cualquier rincón o colgados de un clavo en la pared, y se olvidaban de ellos durante horas, y por lo tanto también les pegaban menos.



Documentos encontrados de los siglos XVI y XVII aseguran que a los niños se los envolvía totalmente durante los primeros cuatro meses de vida. Más tarde se liberaban sus bracitos, pero el resto del cuerpo seguía enfajado hasta nueve meses más. Obviamente, este enfajamiento provocaba  diversos problemas de salud en los pequeños.

En Estados Unidos e Inglaterra está costumbre comenzó a disminuir a finales del siglo XVIII, y en Alemania y Francia en el siglo XIX.

El maltrato sistemático va desapareciendo

No es hasta épocas recientes, cuando los golpes y palizas a los niños se van reduciendo. Sin embargo, después se buscó otra forma de controlarlos y asustarlos, y era encerrándolos solos en cuartos oscuros o alacenas durante horas, en ocasiones durante días.

Una de las primeras personas que se alza como defensora de la infancia es la activista británica Englantina Jebb, creadora de Save the Children. A continuación, tras la Segunda Guerra Mundial, llegaría la Carta de la Infancia y por fin, en 1959, la Declaración Universal de los Derechos del Niño.

Sin embargo, es conveniente no olvidar que aunque la vida de los niños ha mejorado muchísimo respecto a épocas pasadas, a día de hoy todavía existen miles de niños y niñas víctimas de la violencia, el hambre, las guerras y el abuso sexual. Miles de niños y niñas cuyo sufrimiento es invisible la mayor parte del tiempo.
Beatriz Moragues - Derechos Reservados



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