Los sumerios, asentados entre los ríos Tigris y Éufrates, dieron origen a la primera civilización conocida. Con sus ciudades-estado y su escritura cuneiforme, marcaron el inicio de la historia registrada y sentaron las bases de la organización social, política y cultural que aún nos acompaña. Su legado, es la raíz de nuestra memoria.
Los sumerios surgieron en Mesopotamia, pero aún hoy desconocemos con certeza sus orígenes. Sin embargo, sus textos revelan una sociedad altamente sofisticada, capaz de organizar ciudades, leyes y mitos. Aunque su legado ha quedado en ocasiones eclipsado por el esplendor de Egipto y otras culturas de la antigüedad, la civilización sumeria ocupa un lugar fundamental como una de las grandes culturas del mundo antiguo.
En el corazón de cada ciudad sumeria latía el templo, del que emergían los zigurats como montañas sagradas. Cada urbe veneraba a su propia deidad, considerada protectora y guía de sus habitantes. Pero para los sumerios ninguna ciudad brillaba tanto como Eridu, cuna del dios Enki, señor de la sabiduría y origen de la creación. Su fundación era vista como una edad dorada, un paraíso primordial semejante al Edén bíblico, morada de los dioses y raíz de la humanidad.
Para los sumerios, la religión era el tejido invisible que sostenía la vida diaria. Los dioses habían transformado el caos en orden, y el destino de cada persona consistía en cooperar con ellos, preservando el equilibrio y asegurando que el caos no regresara jamás.
Pero la educacación también era altamente valorada en la sociedad sumeria y existían escuelas, conocidas como edubba, destinadas principalmente a los niños de las clases privilegiadas. Allí, los estudiantes aprendían a leer y escribir en escritura cuneiforme, y también recibían instrucción en disciplinas fundamentales como astronomía, leyes y matemáticas.
El primer Diluvio Universal
Fue a mediados del siglo XIX cuando diversas instituciones occidentales comenzaron a organizar expediciones a Oriente Próximo y Medio Oriente, con el objetivo de encontrar pruebas materiales que respaldaran los relatos bíblicos. La historia del Diluvio Universal se creía que era original de la tradición judeocristiana. Pero lo que emergió de la arena fue algo inesperado, una voz más antigua, la voz de Sumer, donde los mitos bíblicos ya habían sido soñados y escritos siglos antes.
La obra sumeria conocida como el Génesis de Eridu, es la más antigua versión conocida del Diluvio Universal. En ella se narra cómo los dioses enviaron una gran inundación para aniquilar a la humanidad. Solo sobrevivió Ziusudra, tras recibir instrucciones del dios Enki para construir un arca y preservar una pareja de cada especie animal. Posteriormente, los dioses apaciguados, optaron por limitar el crecimiento humano introduciendo la muerte y la enfermedad como mecanismos para restaurar el equilibrio y contener la ambición desmedida del género humano.
La sociedad sumeria
Entre el 3500 y el 1750 a. C., los sumerios se asentaron en la Mesopotamia asiática, lo que hoy corresponde a Irak y parte de Siria, y fundaron decenas de ciudades. Estas ciudades-estado funcionaban de manera independiente y estaban gobernadas por una élite compuesta por sacerdotes y militares, quienes concetraban el poder político, económico y religioso. La historia sumeria estuvo profundamente marcada por conflictos bélicos recurrentes entre estas ciudades rivales.
Los templos sumerios no solo eran espacios de culto, sino también centros políticos y administrativos que articulaban la vida de las ciudades.
La sociedad sumeria se estructuraba de manera jerárquica, con grupos diferenciados según su oficio y función. Desde los inicios, los sacerdotes ocuparon el lugar central en la administración de las ciudades-estado, pues eran considerados intermediarios entre los dioses y los humanos. A cambio de sus servicios religiosos, recibían tierras y tributos.
Con el incremento de los conflictos entre ciudades, los guerreros adquirieron mayor relevancia política y, junto al grupo sacerdotal, se consolidaron como la élite que gobernaba y administraba los bienes del pueblo.
A su alrededor, escribas, comerciantes, funcionarios y artesanos cumplían tareas precisas y recibían recursos del Estado a cambio de su labor.
La base de la sociedad eran los campesinos, que trabajaban la tierra y levantaban las grandes obras, obligados también a servir en el ejército cuando era necesario.
En el último peldaño se encontraban los esclavos, en su mayoría prisioneros de guerra.
Principales características culturales de los sumerios
La cultura sumeria dejó una huella profunda en la historia de la humanidad. Su legado abarca avances arquitectónicos como los zigurats, el desarrollo de la escritura cuneiforme, la creación de textos literarios, la creación de códigos legales que estructuraron la vida social, la invención de la rueda y la construcción de sistemas de irrigación que garantizaron el riego de los campos y favorecieron el desarrollo de la agricultura.
Zigurats. Eran templos construidos con ladrillos de barro, de estructura escalonada y forma piramidal. Estaban dedicados al dios del templo y de la ciudad, diseñados para que la divinidad descendiera y ofreciera su protección. Su imponente arquitectura reflejaba el poder de las élites sacerdotales y simbolizaba la unión entre lo humano y lo divino.
Escritura: Los sumerios desarrollaron la escritura cuneiforme, el primer sistema de escritura de la historia. Su uso estaba reservado a los escribas, personas especialmente instruidas para esta tarea, quienes registraban en tablillas de arcilla los asuntos administrativos, económicos y religiosos, garantizando así la organización y la memoria colectiva de las ciudades, y convirtiendo lo efímero en permanente.
Literatura: Las tablillas de barro sumerias, desenterradas por los arqueólogos, son la memoria petrificada de una civilización. Relatos que narran mitos, leyendas y memorias ancestrales. El Poema de Gilgamesh ocupa un lugar central, pues en sus versos se narra la primera versión del diluvio universal, posteriormente adoptado por otras tradiciones religiosas.
Legislación: Alrededor de 1790 a. C., el rey de Babilonia mandó redactar por escrito un conjunto de normas que hoy conocemos como el Código de Hammurabi. Esta recopilación, integrada por 282 leyes, trataba temas como el robo, el homicidio, la esclavitud, el matrimonio o los problemas comerciales. La justicia se imponía con dureza y se fundamentaba en la Ley del Talión. Así, cada falta debía ser devuelta con un castigo que reflejara el daño cometido.
El poema de Gilgamesh
El poema salió a la luz en el siglo XIX, cuando arqueólogos británicos excavaron en la Biblioteca de Nínive, antigua capital del Imperio asirio (actual Mosul, Irak). En 1872, el asiriólogo George Smith, del Museo Británico, logró descifrar por primera vez en una de las tablillas la narración del diluvio universal.
Este hallazgo conmocionó a Occidente, pues revelaba sorprendentes semejanzas con la narración bíblica del Génesis.
En el centro del poema late el vínculo entre Gilgamesh y Enkidu, que es el espejo que devuelve al rey su propia humanidad. Su muerte abre en Gilgamesh una herida que le obliga a enfrentarse a su fragilidad. De este modo, la obra convierte la amistad en una fuerza transformadora, capaz de dar forma y propósito a la existencia.
El Poema de Gilgamesh narra la historia del rey de Uruk, un gobernante poderoso y tiránico. Para equilibrar su fuerza, los dioses crean a Enkidu, un hombre salvaje que se enfrenta a él, pero acaba convirtiéndose en su amigo y juntos emprenden hazañas heróicas.
Sin embargo, esas hazañas ofenden a los dioses y deciden condenar a Enkidu a morir. La muerte de su amigo sume a Gilgamesh en una profunda crisis y lo impulsa a emprender una busqueda desesperada de la inmortalidad. En su viaje encuentra a Utnapishtim, el único humano que sobrevivió al diluvio universal y recibió la vida eterna.
Utnapishtim le revela que la inmortalidad no está destinada a los humanos y Gilgamesh regresa a Uruk transformado, aceptando que su destino no será vivir para siempre.
Aunque el Poema de Gilgamesh presenta a Utnapishtim como el único superviviente del diluvio universal, este personaje tiene equivalentes en otras tradiciones mesopotámicas. En la versión sumeria más antigua, el héroe del diluvio es Ziusudra, mientras que en el Poema de Atrahasis recibe el nombre de Atrahasis. Los tres representan al hombre justo que recibe un aviso divino, construye una embarcación y sobrevive a la gran inundación. Estas variantes muestran como un mismo mito fue adaptado por diferentes pueblos a lo largo de la historia de Mesopotamia, hasta llegar a la tradición judeocristiana.
Beatriz Moragues - Derechos Reservados
Para saber más
Qué interesante la historia de los sumerios... En ocasiones nadie sobrevive a un diluvio, pero en este caso ante la intervención divina se pudo salvar... Me gustó la historia, gracias por compartirla. Un abrazo y feliz fin de semana
ResponderEliminarHola, Nuria. Gracias por tu comentario. Las historias sumerias tienen esa mezcla de mito, humanidad y misterio que sigue resonando miles de años después. El episodio del diluvio es un buen ejemplo, un relato antiguo, pero tan actual al mismo tiempo.
EliminarUn abrazo!!