La historia de la homosexualidad es, en gran medida, la historia de cómo las sociedades han interpretado el deseo y la diferencia. No es un relato líneal ni uniforme, atraviesa culturas que celebraron el amor entre personas del mismo sexo y otras que lo castigaron con violencia y silencio. Desde los mitos de la Antigüedad hasta las leyes contemporáneas, la homosexualidad ha sido entendida de formas muy distintas según el tiempo, el lugar y el poder que definía lo aceptable.
Explorar este recorrido permite desmontar la idea de que la diversidad afectivo-sexual es un fenómeno moderno. También ayuda a comprender cómo se construyeron los discursos que la condenaron, especialmente en contextos represivos. Mirar hacia atrás es una forma de entender el presente y de reconocer a quienes vivieron, amaron y lucharon antes de que existiera un lenguaje para nombrarlos.
La homosexualidad en la Prehistoria
La Prehistoria es un territorio en el que la sexualidad no puede reconstruirse a través de palabras, sino únicamente a partir de restos materiales. Esta limitación obliga a avanzar con prudencia, ya que lo que sabemos proviene del arte rupestre, de figurillas y objetos rituales, hallados casi siempre de forma fragmentaria y sujetos a múltiples lecturas. También conviene recordar que, como en cualquier disciplina, la arqueología no ha estado libre de prejuicios y durante décadas muchas interpretaciones estuvieron condicionadas por miradas heteronormativas.
En algunos enterramientos han aparecido representaciones de dos hombres abrazados o tomados de la mano. Durante mucho tiempo, estas escenas se explicaron como vínculos de amistad, parentesco o camaradería entre guerreros caídos. Solo con el paso del tiempo, comenzó a considerarse la posibilidad de que esos gestos pudieran reflejar una relación amorosa.
La homosexualidad en las culturas antiguas
En el mundo antiguo no existían las categorías que hoy usamos para definir la orientación sexual. Terminos como heterosexual, homosexual o bisexual son construcciones modernas que no se aplicaban entonces. Las sociedades antiguas no clasificaban a las personas según el género de sus parejas, sino que entendían la vida afectiva y sexual desde otros marcos.
En muchas culturas antiguas, como la egipcia, las relaciones entre hombres se juzgaban por el estatus y el rol social que cada uno ocupaba. Lo único censurable era que un hombre libre adoptara un papel considerado pasivo, pero no la relación en sí. La orientación sexual no se concebia como una identidad relevante.
En la antigua Mesopotamia, el culto a Inanna, conocida también como Ishtar, acogía a sacerdotes y sacerdotisas cuya identidad y expresión de género desborda las categorías que hoy consideramos fijas. Muchos de ellos vivían roles que hoy llamaríamos bisexuales o transgénero encarnando en su propio cuerpo el principio fundamental de la diosa, que era la capacidad de transformar. Uno de los poderes más fascinantes de Inanna era precisamente su poder de alterar el género de quienes la servían, convirtiendo a hombres en mujeres y a mujeres en hombres.

En China, las referencias a relaciones entre hombres aparecen al menos desde el siglo VI a. C. y se vuelven especialmente frecuentes a partir de la dinastia Han (202 a. C. - 220 a. C.), donde abundan en poemas y relatos. En cambio, las relaciones entre mujeres apenas figuran entre las fuentes, un silencio que refleja no solo la invisibilidad de la sexualidad femenina, sino también la tendencia de la historiografía china, como la de tantas otras culturas, de ignorar a las mujeres.
Culturas indígenas de América, el Tercer género
En las grandes llanuras de América, en cerca de 130 tribus indígenas estaba presente la figura del dos espíritus. Esta condición incluía tanto a personas asignadas hombres al nacer que adoptaban roles y vestimentas femeninas, como a mujeres que asumían funciones tradicionalmente masculinas, como la caza o la guerra.
En estas sociedades, nadie era definido por su orientación sexual o por un género rígido, sino por las tareas que desempeñaban dentro de la comunidad. Mientras que los guerreros formaban hermandades tras duros rituales de iniciación, las mujeres dos espíritus podían destacar como líderes o proveedoras. Los dos espíritus solían ocupar posiciones de gran prestigio, como chamanes o sanadores, incluso cuidadores de los hijos de los guerreros. Tener un Two-spirit en la familia se consideraba un signo de buena fortuna, un privilegio que reforzaba el estatus del clan.
En algunas tribus, las personas dos espíritus eran entendidas como seres que albergaban dos identidades en un mismo cuerpo. Su forma de vestir reflejaba esa dualidad, combinaban prendas asociadas a lo masculino y a lo femenino, o alternaban entre ambos estilos según el día o el contexto ritual. Como explica la antropóloga alemana Sabine Lang, muchas tribus indígenas de Norteamérica reconocían múltiples roles sociales y de género, mucho más amplios y flexibles que los que se manejan en las sociedades actuales. Los Two-spirit era una figura muy común entre los Zuni, los Lakota o los Navajo.
Edad Media y cristianización de la sexualidad
La Edad Media estuvo profundamente marcada por la influencia del cristianismo. La iglesia impregnaba todos los ámbitos de la vida y configuró una visión de la sexualidad rígida, moralizante y fuertemente represiva.
Para el pensamiento cristiano medieval, el sexo era esencialmente peligroso y pecaminoso. La iglesia distinguía entre actos "naturales", es decir, orientados a la reproducción dentro del matrimonio, y actos "contra natura", que abarcaban cualquier otra práctica. El matrimonio se concebía como el único espacio legítimo para la actividad sexual. El deseo se consideraba una enfermedad del alma.
Se exaltaba la castidad como virtud superior, capaz de acercar al ser humano al estado previo al pecado original. La virginidad era vista como un ideal espiritual, un signo de gracia divina.
Las ideas médicas y morales se mezclaban con supersticiones. Se creía que mantener relaciones con una mujer menstruando era peligroso porque su "matriz sucia" podía transmitir venenos. Alberto Magno, dominico y teólogo alemán, afirmaba que los partos múltiples eran consecuencia del exceso de placer femenino.
La homosexualidad, considerada uno de los actos más graves "contra natura", podía castigarse con mutilaciones o muerte. Si un sacerdote era sorprendido en pleno acto sexual, se le podía encerrar en una jaula y se le dejaba morir de hambre.
Entre los siglos X y XII existió cierta tolerancia hacia las relaciones entre personas del mismo sexo, debido a que la iglesia no tenía todavía un apartado represivo organizado. Es a partir del siglo XIII cuando la represión se intensifica y se califica la homosexualidad como uno de los peores crímenes. La masturbación también se consideraba un pecado muy grave por "desperdiciar la semilla procreadora".
Persecución en la Edad Moderna
En el siglo XVI, Carlos V prohibió las prácticas homosexuales en el Sacro Imperio Romano Germánico. Mientras, Enrique VIII promulgó la ley "Buggery Act". Estamos en 1533, y esta ley fue la primera en Inglaterra que criminalizaba la homosexualidad masculina y la castigaba con la muerte por ahorcamiento, incluso para los hombres que pertenecían al clero.
Por otra parte, el zar Pedro I de Rusia introdujo un nuevo código militar que prohibía las prácticas homosexuales entre soldados. Inicialmente, la pena prevista era la hoguera, pero después se sustituyó por castigos corporales. Esta legislación afectaba únicamente al ámbito castrense, por lo que los civiles quedaban fuera de su alcance.
En Francia, el caso de Bruno Lenoir y Jean Diot, ejecutados en la hoguera tras ser sorprendidos manteniendo relaciones sexuales en la vía pública, marcó la última ejecución por sodomía en el país. Con la llegada de la Revolución Francesa, la sodomía dejó de considerarse delito, inagurando un cambio radical en la legislación europea. Este proceso tuvo eco en otros territorios. Luxemburgo y La Toscana despenalizaron las prácticas homosexuales a finales del siglo XVIII.
El concepto moderno de homosexualidad
En el siglo XIX hay un cambio decisivo, la homosexualidad deja de entenderse solo como una falta moral o un crimen y pasa a ser estudiada por médicos. Comienza a definirse como "inversión sexual" o "anomalía", una desviación respecto a la norma reproductiva. Estas etiquetas no eran neutrales, reflejaban la mentalidad y la moral de la época.
La patologización de la homosexualidad permitió que los médicos justificaran los internamientos en instituciones psiquiátricas o manicomios, los electroshocks o los regímenes disciplinarios, consistentes en dietas, ejercicios, trabajos forzados o aislamiento como métodos para fortalecer la voluntad y corregir la supuesta desviación.
Todas estas prácticas reforzaron la idea de que la homosexualidad era un problema médico y permitieron la intervención del Estado y la ciencia en la vida íntima de las personas.
Criminalización y persecución en el nazismo
El nazismo convirtió la homosexualidad en un objetivo directo de persecución, integrándola en su política de "higiene racial", un conjunto de teorías pseudocientíficas que aplicaban para purificar y mejorar la raza del pueblo alemán. Se llevaron a cabo detenciones masivas y deportaciones a campos de concentración, donde los hombres homosexuales eran identificados con un triangulo rosa.
El regimen nazi castigaba cualquier conducta considerada homosexual, incluso sin contacto físico. Miles de hombres fueron arrestados por denuncias o por simples sospechas.
Tras la caída del nazismo, muchos supervivientes homosexuales no fueron reconocidos como víctimas y, en algunos casos, continuaron siendo perseguidos bajo las mismas leyes que el régimen había reforzado. Solo décadas más tarde comenzó el proceso de rehabilitación histórica.
El franquismo en España
Durante la dictadura franquista, la homosexualidad fue considerada una amenaza moral y política. El régimen la vinculó con el vicio, la degeneración y la disidencia, integrándola dentro de su proyecto de control social y puritanismo nacional-católico.
En 1954, el franquismo modificó la "Ley de Vagos y Maleantes" para incluir a los homosexuales como sujetos peligrosos. Esta reforma marcó el inicio de una persecución legal sistemática. Se permitían las detenciones preventivas y los trabajos forzados para estas personas, y todo se justificaba como una medida de defensa social.
En 1970, la "Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social" sustituyó a la anterior y, aunque se presentó como una ley moderna, siguió manteniendo la represión, el control y la vigilancia policial. Se introdujeron medidas "reeducativas", que en realidad eran internamientos en centros o tratamientos psiquiátricos forzados para curar la homosexualidad.
El franquismo habilitó centros penitenciarios destinados a "reeducar" a homosexuales y personas trans, los de Huelva, Badajoz y Fuerteventura fueron los más destacados. Las personas recluidas eran sometidas a un régimen de trabajos forzados, maltrato físico, humillaciones, aislamiento y hambre.
Tras la muerte de Franco, la represión no desapareció de inmediato. La Ley de Peligrosidad siguió vigente hasta 1979, cuando se eliminó el apartado referido a la homosexualidad.
Y... qué pasa con las mujeres
A lo largo de la historia, las relaciones entre mujeres han existido siempre, pero rara vez fueron nombradas o reconocidas. Más que ausencia, lo que encontramos es invisibilización, fruto de una sociedad patriarcal que no concebía la sexualidad femenina como autónoma.
En la Edad Media, el lesbianismo apenas aparece. La iglesia consideraba que sin penetración masculina, el "pecado" era menor o incluso imposible, lo que contribuyó a borrar estas relaciones. Muchas relaciones afectivas intensas entre mujeres se interpretaron como amistades espirituales.
En la Edad Moderna, la visibilidad de este tipo de relaciones aumentó, pero también el control, la denuncia y la persecución, ya que se consideraba que eran una amenaza para el orden reproductivo, aunque los casos de represión seguían siendo escasos en comparación con los hombres. La persecución se centraba, sobre todo, en mujeres que adoptaban roles masculinos en su forma de vestir o en los trabajos que desempeñaban.
En el siglo XIX, con la medicina y la psiquiatría modernas, el lesbianismo se definió como "inversión sexual femenina", una supuesta anomalía donde la mujer tendría un "alma masculina". Aunque se trató como una patología, se consideraba menos peligrosa para el orden social que la homosexualidad masculina. Aun así, se asoció a la histeria, la degeneración y la desviación del instinto maternal.
En el siglo XX y en regímenes autoritarios, como el franquismo en España, la relación entre mujeres fue reprimida, y muchas fueron sancionadas por escándalo público o inmoralidad. Generalmente, no se las juzgaba por lesbianas, sino por salirse de la norma heterosexual. El verdadero brazo ejecutor de la represión femenina fue "El Patronato de Protección a la Mujer", donde se encerraba a mujeres por denuncias de la propia familia, por conductas descarriadas o rebeldes, por sopechas de malas compañías, por no cumplir el rol de mujer sumisa y abnegada... En resumen, cualquier sospecha de conducta inapropiada era suficiente para encerrarlas.
En estos siniestros centros, gestionados por instituciones religiosas, estaba prohibida cualquier muestra de afecto entre las internas, que era castigado con el traslado a hospitales psiquiátricos donde recibían electroshocks y otros tratamientos para "curar" su desviación o falta de moral. "El Patronato de Protección a la Mujer" operó oficialmente hasta 1985.
Siglo XXI: Matrimonio igualitario
El siglo XXI marca un punto de inflexión en la historia de la diversidad sexual. En muchos países, incluida España en 2005, la aprobación del matrimonio igualitario simbolizó no solo la equiparación jurídica, sino también el reconocimiento social de las relaciones entre personas del mismo sexo. Este avance se acompañó de leyes contra la discriminación, mayor visibilidad pública y la consolidación de movimientos LGTBIQA+, donde mujeres, hombres, personas trans y otras identidades antes marginadas ocupan un lugar central. Aun así, la igualdad legal no elimina por completo la desigualdad social y quedan retos por alcanzar todavía.
Conclusión
La historia de la homosexualidad, y de la diversidad sexual en general, no es lineal ni uniforme. Está hecha de avances y retrocesos, de silencios y resistencias. La represión no solo se ejerce con leyes o castigos, sino también con la invisibilidad, la patologización y la negación.
Echar la vista atrás y contar estas historias que antes no se consideraban dignas de ser contadas, es un acto de justicia. Permite reconocer a las personas que fueron perseguidas, reparar su memoria y comprender cómo se construyen las categorías que hoy damos por naturales. Además, nos recuerda que los derechos conquistados pueden retroceder si no se defienden.
Beatriz Moragues
Para saber más
Hola, Beatriz, ¡gran artículo! Un recorrido extraordinario para conocer más datos sobre la homosexualidad. Sorprendente la de abusos que se han cometido, afortunadamente creo que, poco a poco, se va tomando de otra manera y, por tanto, no existen tantos prejuicios, aunque todavía quedan casos por desgracia. Lo importante es seguir ahí, reivindicando derechos.
ResponderEliminarUn abrazo. :)
Buenos días, Merche. Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que te haya gustado el recorrido. Es impresionante ver la cantidad de abusos que se han cometido a lo largo de la historia, simplemente por amar de una forma que no encajaba en la norma.
EliminarEn los últimos veinte años hemos avanzado muchísimo como sociedad, pero aún quedan muchos prejuicios... y actitudes que dan mucho que pensar.
Un abrazo 🤗
¡Wow! Beatriz, qué buen artículo, con un tema que muchos prefieren no tratar. Superinteresante como nos vas llevando a través de la historia para contarnos como fue evolucionando (e "involucionando"), la historia de la homosexualidad. Me queda claro que las culturas primigenias, que estaban más conectadas con la naturaleza, entendían mejor este aspecto de las relaciones humanas. Para mí, la iglesia torció todo, volviendo algo bello en pecado y digno de muertes o castigos horrendos. Cuánta gente habrá sufrido en campos de concentración, en «centros para reeducar». Muy triste. Y aunque ahora se supone que hay más apertura (que sí, que la hay), no es universal. Hay países donde la gente sigue sufriendo persecusión, y en donde sí hay avances y derechos, existe aún gente muy ignorante y llena de prejuicios. En fin, muchas gracias por este trabajo. Me encantó. Abrazos.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Ana. Me alegro que el artículo te haya gustado. Es durísimo ver cómo algo tan humano como el amor fue convertido en pecado, delito o enfermedad, y cuánto sufrimiento generaron esas ideas y creencias.
EliminarTienes razón, la Iglesia ha tenido una gran responsabilidad en esta represión y, en lo relativo a la sexualidad, su postura ha sido históricamente muy restrictiva y oscura.
Y sí, todavía hay lugares en el mundo donde la homosexualidad se persigue e incluso puede costar la vida. Es terrible. Y en los países donde se ha avanzado más, siguen existiendo prejuicios que parecen difíciles de erradicar. Aun así, lo importante es no detenerse y seguir avanzando.
Gracias por pasarte. Un abrazo 🤗