lunes, 20 de junio de 2016

Catedrales, lugares para la música y la vida

Las catedrales en la antigüedad no tenían nada que ver con lo que son actualmente. Eran lugares llenos de vida, donde se montaban mercados, los niños jugaban y hasta los animales paseaban por su interior sin problemas. Además, estaban pensadas para que la música y los coros expandiesen su sonido hacia las alturas para llegar a Dios.

Las catedrales siguen siendo a día de hoy lugares de obligada visita para los viajeros. Su grandiosidad, su especial ambiente y toda su decoración, invitan al detenimiento, a pararse un momento y a alejarse del bullicio que aguarda paciente en el exterior.

Qué eran las catedrales en el pasado

La palabra catedral proviene de cathedra, cuyo significado es “asiento”. La cátedra es la silla donde se sienta el obispo para realizar la misa. Y de ahí deriva el término catedral, que es donde se encuentra la cátedra, es decir, el asiento del obispo.

Catedral de Cuenca
Catedral de Cuenca
Como se ha citado en la introducción, las catedrales eran lugares para la música. Incluso ser músico de una catedral, era como se ganaban una parte de su sustento algunas personas que no pertenecían a la iglesia. También era un sitio para negociar y para que las procesiones la recorriesen. Todas sus puertas estaban abiertas, nada que ver con lo que ocurre en la actualidad.


Asimismo, se realizaban reuniones oficiales y eran apoyadas por los nobles que deseaban que tras su fallecimiento su cuerpo descansase en un determinado lugar. También eran sedes del gobierno.

Los animales entraban y salían libremente de las catedrales, y había siempre un canónigo que se encargaba de sacar fuera a los perros, cuando molestaban o se portaban mal.

Estas enormes construcciones solían también albergan gatos en su interior, que además servían para mantenerlas a salvo de los roedores. Como curiosidad citar que en la sacristía de la catedral de Sigüenza, todavía se conserva la gatera que forma parte de la entrada. Los religiosos realizaron un agujero en la parte inferior de la enorme puerta de madera de roble, de aproximadamente 10 cm de grosor, para que los gatos pudiesen entrar y salir.

Partes de una catedral

La catedral no sólo estaba formada por la iglesia con todas sus estancias, también los alrededores se enmarcaban dentro de esta importante edificación. Algunas de estas partes eran: iglesia, claustro, sacristía, archivo, capillas, librería, cementerio, hospital, comedor de caridad, residencia del obispo, alojamiento de los niños del coro, oficinas y cárcel.

Los constructores de catedrales

Los constructores de catedrales eran personas muy preparadas, enormemente valoradas y a las que se les otorgaban innumerables privilegios para que realizasen su trabajo cómodamente y de forma satisfactoria, ya que si no se sentían reconocidos o ejercían su trabajo a disgusto, podían abandonarlo o detenerlo el tiempo que considerasen necesario hasta conseguir sus pretensiones, entre ellas quizá un aumento de salario.

Dependiendo de su pericia podían ser sencillos operarios o llegar a “maestro mayor”, que es lo que ahora se denominaría arquitecto. Estas personas aprendían a realizar su trabajo de forma empírica y en ocasiones no poseían más cultura que esa. Algunos no sabían escribir y a la hora de “firmar” sus obras lo hacían con signos o dibujos. Sin embargo, en su oficio eran capaces de realizar verdaderas obras de arte.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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